El esfuerzo, la perseverancia, el profesionalismo, el tiempo, los equipos, el conocimiento adquirido, los buenos y malos momentos, las relaciones de amistad y comercial, contactos y visión personal y general, pueden significar nada ante la arrogancia, sordera, ceguera, testarudez, individualismo y reniego, alimentada por el poder económico de una persona.
La adulación por el realce financiero magnánimo, deja de lado lealtades, correspondencia y rectitud sin caridad ni conmiseración con quien encomendó.
Solo el quehacer y el tiempo demuestran las equivocaciones, que avanzan condimentando la incertidumbre y hastío, que son necesarias vencer por la convicción, si y solo si, se mantiene la amistad, reconocimiento y lealtad.